El obispo continúa con su sobrepeso,
el vino tinto lo pone coqueto,
es muy tímido con las fechorías clericales,
nunca le gustaron las mujeres.
Le ruega al ministro de Estado que le repare los templos.
Es que el opulento Vaticano hurta un poco por aquí
y mucho por allá.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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