Me acerco a la hostia dominical con entereza, suponiendo que estoy listo y preparado. Si los otros descarriados comulgan sin asco, yo también tengo derecho a participar de la Eucaristía y sus múltiples beneficios. Yo me golpeé el pecho con más intensidad que todos los presentes en la catedral esa mañana. No debo temer, porque siempre es igual. Digerida la hostia poseo rostro de serafín doble.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
No hay comentarios:
Publicar un comentario