La banca de la plaza se deteriora con los decenios, no por los acontecimientos terrosos o grasientos. Espectador cumplidor de los disímiles cachondeos, de los intrigantes, de los zangones, de los fumadores.
La banca es un residente arrinconado, el pelo del rabo de un ratón, un atalaya ermitaño y estoico: el ventarrón helado no lo corre un centímetro. La banca que me vio gatear permanecerá.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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