Las sabandijas de la elite criolla son egresadas de establecimientos glorificados, mafiosos sacramentados con agua del río Jordán. El caso Penta desarropó el viejo truco, ese nido de fechorías que es su eterna morada. Doscientos años cuidando el monedero, abnegadamente. El Capitán General fue un colaborador de fuste, férreo, digno. El Ejército es su mayordomo fiel, su matón temporal, atento. Los apellidos del barrio alto caen uno tras otro, el obispo llama a hacer penitencias y ayunos, escandalizado. La virgen María los acoge, con un sensitivo coscorrón de madre. Las damas de la alta sociedad aguantan la cagadera con un rosario comprado en Roma y bendecido por el vicario del dólar. El cura John O Reilly les mete una hostia a cada uno, con picardía. Con maniobras clásicas pagan menos impuestos y financian a cualquier candidato de corazón sumiso. Nunca se cansan de meter las manos al cajón y el perraje no comprenderá la importancia del empresariado. Echarse a la clase política al bolsillo tiene sus costos. Aman tanto a la patria que se la llevaron a su casa, con escoltas. Ver a un cuico top condenado a prisión efectiva es tan fantasioso como escuchar un pedo sonoro del cardenal en plena homilía de semana santa, por la televisión. Ubícate payaso, los amos son intocables. No todas las cucarachas son de los bajos fondos. Ya don Vito tomará las medidas pertinentes y el agua volverá al río, en beata armonía. La parroquia le abrirá la puerta a sus pecadores favoritos muerta de la risa, y el pinochetismo económico financiará a un sector de la izquierda criolla .
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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