El culto a los derechos humanos vive sus siglos de fama y aplausos, su medioevo, con impresionante arrogancia. La libertad sin principios de hierro es un vertedero. El hombre salta feliz en la cuerda floja. Algunos asesinos carismáticos se zafan del interrogatorio.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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