martes, 31 de enero de 2017

Encerando con azufre la Santa Sede


Contrataron a un exorcista altamente calificado para que expulse de la sede San Pedro a ese colosal e histórico demonio tipificado como “lavado de dinero”. Es que el banco del Vaticano o IOR lanza su dantesco fuego satánico a través de sus puertas y cuentas corrientes brujas. Las mangueras arrojan agua bendita sobre la institución financiera con máxima presión. El Romano Pontífice siente el olor de las montañas de dinero sucio y canta los salmos. El azufre es su éxtasis. El restregado de la Santa Sede es multidisciplinario y ningún criminal ha presentado quejas. Las monedas brillan. En la beata mesa del Santo Padre caben todos, todos los traficantes, contrabandistas y licenciosos. El dinero va de un sitio a otro, raudamente, por medio de una coreografía reiterada. El exorcista le solicitó al diablo, en un acto audaz, que haga su Primera Comunión. Combate el pecado con lágrimas de impotencia y con camiones repletos de velas.




No hay comentarios:

Publicar un comentario