Le entregué la nómina de mis pecados sobresalientes,
memoricé todo, con la frente en alto.
El cura me limpió todo apretando un botón:
soy el brazo derecho de un serafín santo.
Parezco un automóvil nuevo, sin kilometraje.
Me introduzco en la misma ruta, con más velocidad.
Otra vez destartalado me acerco al confesionario:
me borran las manchas de un ciclo, que recomenzará.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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