Ese viento vigoroso se olvidó que pasó por tu cabaña, cerca de la orilla. Está vívidamente presente en mí ese tormentoso airecillo que me despeinó y que puso granos de arena en mis ojos. Mi palpitar me susurraba que estabas ahí y alcancé a ver como cerrabas la ventana, semidesnuda, y apurada. Por el impertinente y fastidioso ventarrón no toqué tu puerta, tus acicaladas manos, con un afecto que se disipó en los remolinos. La ventana es una fotografía en mi mente.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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