Padre, haz de mi alma un siervo del Redentor.
Que mi espíritu se extravíe dentro del Espíritu Santo,
que mi carne se someta
a los designios de mi alma redimida,
que lucha, bajo la sublime gracia,
por convertirse en una esclava de Cristo.
Lo que yo deseo
sea trasvasijado a Su voluntad.
Que siempre prevalezca el anhelo del Padre.
Nada poseo, todo lo mío le pertenece.
Hoy falleceré.
El Señor pretende que yo muera, voluntariamente.
Sin muerte no hay resurrección ni gloria.
Nada quedará en mí, de mí.
Hoy expiraré en sus brazos.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
No hay comentarios:
Publicar un comentario