La educación pública de la república provee de pinganillas saludables al idolatrado mercado con una efectividad que pasma a los incrédulos y censuristas y teólogos vivos. Son unos conglomerados de ineptos que por unas pocas monedas son vasallos dúctiles que se desempeñarán en cualquier actividad, desde barrendero a vendedor de cigarros sueltos, desde pisapapeles a empaquetador de lo que sea. Los establecimientos educaciones estatales elaboran analfabetos útiles a la cúpula. Los vagabundos que no alcanzan un lugar terminarán en la garra blanca o en un basural. La escoria brinda los sábados hasta el vómito, se tatúa el cuerpo, escupe y mea en el árbol, y fenece. La oligarquía clama por un pueblo ignorante y timorato. La mala educación pública es una estrategia deliberada. Algunos profesores saben leer y escribir bien. Los ricos estudian allá, y los pobres acá, bien separados. La integración es un sofisma, un chiste de doble sentido.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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