domingo, 29 de enero de 2017

El alimento de mi espíritu inquieto


Consagraré todos mis días a odiar a Pinochet, aunque esté muerto. Para mí don Augusto y su obra vivirán por siempre. Este odio me sustenta, me orienta, me reubica, me hace crecer como individuo. En mi último aliento le diré un garabato al dictador, pensaré en él, con los ojos irritados. Espero que los revolucionarios del futuro sean más precavidos. ¿Qué sería de mi miserable vida sin él? ¿qué sería de mi carrera política sin él? La sonrisa socarrona del general me iza, me motiva. Al tirano asesino de la vereda del frente lo beso debajo del mantel.




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