sábado, 14 de enero de 2017

El punto de partida


I

Su bisabuelo es un orangután egregio y su bisabuela una orangutana innovadora. No se investigue más del abstruso asunto que hoy los biznietos cantan victoria, henchidos, con toda la extravagancia viable de una gorrionera. Doctos y decanos, colmados de una fe ciega en conjeturas fantásticas y polifonemáticas, edifican breviarios y loores y postres de frutas, a la teoría de la evolución y sus otras parentelas, sin ninguna evidencia concluyente, haciendo así del cientificismo una secta encantadora y popular. Habría evolución en el santo cielo, en el orbe, en la mente, en la biología y en los recovecos escamosos. El daño ecológico brutal, la explotación de los niños, la pornografía por contenedores, el aborto ad infinitum, la asquerosa distribución de la riqueza, el racismo rabioso y la denostación de algunas teologías a las mujeres, serían la pistola humeante de una involución que no falla. Entronizadas sean las probabilidades y el chimpancé. Que se aplauda en cada laboratorio o porciúncula los místicos y mitológicos eslabones perdidos o descarriados. Oponérsele es un sacrificio digno de leña bendecida. Dado el irrebatible y machucho creacionismo sobrenatural, germinan como estrategias los fraudes filosóficos de la evolución, la generación espontánea y el materialismo, como los únicos antagonistas opíparos al génesis del universo y del ser humano. Hay dos posibilidades y ninguna otra: ¡creacionismo o materialismo!, y ambas son religiosas. ¡Decidid, antes de que ya no sea temprano! El materialismo nunca ha sido una especulación seria. Sólo hay espacio para la creación de un proceso fortuito, en la fachosa y solerte ciencia ficción evolucionista. El castillo de Carcasona no es un vástago de la generación espontánea, de la nunciatura de los porcentajes. Los dementes doblan sus rodillas ante la declaración de que un reloj se puede fabricar sin un relojero. El cosmos es un despertador estiloso y carpintereado. La materia tiende a degradarse, no a elaborar galaxias bajo un orden impresionante, complejo y sincronizado, a no ser que los planos con todos sus motores hayan sido confeccionados previamente ¿Qué neurona decoró el primer hálito de vida? ¿cuál es la dirección del sano juicio derrumbados el envanecimiento, la infecundidad y los anzuelos? ¿Por qué la Jerusalén inmortal es la capital de un reino? ¿Con cuánta nescedad y testarronería niego una creación sobrenatural que nos adentella?
¡Decidid!
La generación espontánea es brujería pura, suculenta y sublime, que ha embaucado a algunos académicos.

II

El racionalista se apertrecha mirando la paja en el ojo ajeno juzgando de desviado o supersticioso a los asociados a los credos sobrenaturales. El racionalista es una hoguera encendida intemperante, un bodegón inclaudicable de saetas y causticidades, un aviltado con un hollejo de hidalguía.




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