I
Si estiras una mano al cielo apresarás el pensamiento y sus alrededores, si levantas las dos, también la fe. El creer y el sólo creer es escasez, el pensar y el sólo pensar son penurias. Pensar creyendo y creer pensando. La filosofía se satura en su mecedora y sus maestros caminan al féretro urbanizando con pulcritud y revolico más y más titubeos inquietantes y ayayeros, con el embeleso de los ratones de biblioteca y de la celebérrima cofradía de los emasculados.
II
El sentimiento limpio lacta el pensar y el creer, ¿qué sientes cuando no crees? ¿Cuán costoso te es subyugarte a Dios? Sin aprensiones luminosas la fe no se agiganta. No te ligues a la oscilación, postrado. La soledad gime por certezas roqueñas y sempiternas, que es lo único que apalea el tormento prominente. La razón viaja en círculos sin ningún sepelio, elucubrando, sin lamer el prolegómeno de la complacencia. El redoble de tambores indaga en la voluntad. Las dos almunias continúan operativas. No seas un zaguanete del pirronismo.
III
La hermana razón peregrinó hasta el desmayo. El hermano fe le extendió su mano y se adhirieron mutuamente en la marcha que por sana intuición, iniciaron por separado. Si uno desestima al otro, perecen los dos. Unidos, se relamen todo y se reinstalan en el infinito. Es que se casaron y fueron excesivamente felices en todos los eones y nanosegundos subsiguientes.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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