sábado, 14 de enero de 2017

Ese narcisismo que nos apiola

I

Los padecimientos van liquidando al narcisista ya que ser un simple mortal es chocante. El ser traspasa el umbral a la fuerza, es parido sin pedirlo, envejece sin evitarlo y se castiga todas las horas, por subyugarse a los atronadores antojos del ego. Copérnico puso a la luz en el centro y la altivez insiste en que es el ser humano. El díscolo subconsciente es el mariscal. El vacío interior es la evidencia aritmética de que vas por el carril del horror. El Padre se expresa mediante el Hijo.

II

El individualista idolatra el aplauso, el reconocimiento expreso de los vecinos, la adulación del peatón, del costeño. Cuando él es el centro del trajín, todo es convencional, satisfactorio. Le falta amor para amarse a sí mismo, y por eso los otros nada rasparán de él.


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