domingo, 29 de enero de 2017

Lo revisan casi todo


Llegan el lunes y parten el viernes. Cuando se van, junto con la caída del sol, los funcionarios que fueron sentados en el vidrio recuperan en algo su serenidad. El informe de los auditores del Ministerio viene con sangre. Consultan si el gato del techo es suplente o titular y si ven una factura sin timbrar se beben toda la botella. Cuando ven a su cordero degollado el fiscalizador jefe camina con el pecho inflado al despacho del subsecretario, con las esperanzas abarrotadas y endulzadas. Los intocables del supremo gobierno también disfrutan de la parodia y todos aseguran respetar el informe final. Los inspectores siempre critican lo mismo, todo queda ahí mismo y la pifia de fondo quedará igual. Se clavarán en mi oficina en tres años más con los rostros de un invitado a un funeral de fuste. Nadie mira los tumores gigantes, está estrictamente prohibido, porque el circo brillará en una superficie limitada y minúscula. Si te robas una empresa estatal completa, no pasa nada, y nadie escucha a los quiltros machucados con sus carteles.




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