domingo, 29 de enero de 2017

Los frutos son de todos


El dios sol nos abrazó fuerte y con desvelo y puso en la tierra su espejo que hoy es el orgullo y riqueza de una nación que dejó los zapatos en la calle para que el sudor de Chuquicamata sea pueblo. El astro rey brilla y brilla la veta que llama a un país de baldosa amarilla a estar atento con el olfato agudo de los bolsillos gigantes, de los pulpos del orbe. Son los trabajadores los que ponen el metal sobre la mesa con mantel y fiesta. Por mientras la vaca de leche, la vaca será de todos, sin honrosas excepciones que lamentar. Todos cuidamos el estipendio de la república. Glorifiquemos a Cristo por esta vaca linda y pechugona. Hoy celebramos los treinta años del luchado regreso de la hija que anduvo por recovecos impíos entregándole su juventud al forastero eficiente. Hoy está anclada a un futuro vigilado por centinelas feroces con lo que no es ajeno. El llorado divorcio es un alienígena fallecido. En el camión de ruedas arrogantes y en la picota todo es un mal recuerdo siempre recordable. El recién nacido marcó la billetera del chileno y la santa pelea del concentrado minero que gritó con megáfono y que cayó por el norte por lo que hoy es tan nuestro. Todavía temblamos con el eco de los ancestros. Cada mano que rasguña la tierra entrega pedazos de esperanza en sólido concreto a los pobladores y detrás de la nube hay una luz incluyente. Ella abre su corazón, reparte y no sobra. El sabor y la fruta son nuestro patrimonio hace tres decenios. A muchos de los viejos cracks que partieron para volver hecho sentimiento que alimenta el espíritu plebeyo, alguien les cuenta al oído que no están el cementerio y que la transpiración no fue un pasajero frívolo o incierto. Los que bregaron no son difuntos muertos. La amnesia nunca fue la peste del obrero ¿Quién iba a decir que la remuneración estaba en un suelo seco, a la altura de los incrédulos? El trabajo duro hizo que el milagro fuera cierto ¿Quién iba a pensar que el desierto tenía alas con un cofre lleno de intenciones fácilmente descifrables? ¡Llamen a los jornaleros, que el lío está que arde! También hubo sangre encargada de redimir la duda, el desconsuelo y la aplastante derrota efímera. El papá Estado es el jefe, el servidor y el carabinero. Así como que no quiere la cosa, a veces los últimos, si corren fuerte, también llegan primeros. Hoy la vaca sonríe bien. El mejor anillo, el mejor cordero y el beso más grande deben ser para la hija que regresó de la angustia, comprometiéndose en matrimonio y en luna de miel con un país entero. Nadie quiere menos. Las crías están grandes y hay que brindar con el viento,  la sufrida historia y el casco férreo. Su niñez triste fue el símbolo y el reflejo de muchos de los presentes y de los que se ausentaron por un decreto. Gracias Jesús por la vaca tetona que lucha por el valor agregado, madre de un pueblo calloso.









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