sábado, 14 de enero de 2017

A dos bandas

I

A la depravación que es absoluta
no se le escurrió detalle alguno.
Ninguna gota se le quedó en la botella:
todo pétalo fue masacrado.

A la salvación que es absoluta
no se le escurrió detalle alguno.
Ninguna gota se le quedó en la botella:
todo pétalo es rescatable.

II

¿Cuál es la apariencia del Absoluto? Sea quien sea, estamos coaccionados a ser siervos de Su voluntad o sufrir, y entonces la libertad sería un mito, porque si elegimos lo que el Absoluto no anhela, nos condenamos irremediablemente, con desreputación ¿Todo es un chantaje divino sin salida? ¿Está predestinado un hombre que puede escoger? Dentro de esta pía extorsión poseemos libre albedrío. El redimido libremente, es un reo del paraíso; el descarriado libremente, es un reo de la fogata. Dios nos intimida con toda su ira santa: “o me alabas o te descuartizarás tú mismo” ¿Cuán edénico es ser un galeote del Absoluto? Ya sabemos que no serlo es calamitoso. Ese Absoluto tan inmenso y aplastante no sería un ser tan distante de nosotros, porque también soy esa partícula que es un elemento más del todo, del Absoluto. Entonces regresaríamos a Él, a casa ¿Cuál es la escalinata al nido, al esplendor? No somos fantoches cósmicos y si hay libre albedrío optaremos por uno de los dos caminos posibles plantados en el categórico huerto del edén. El indiferente sigue la huella de la infausta naturaleza caída.






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