I
Consciente estoy de que aquí estoy, de que soy, y de que el camino recto es uno, sin homologías ni parangones ni descargos. La dermis, la percepción, el criterio, la moralidad, la sed de luz, la expectación y el olfato, forman fragmentos constitutivos del ser. Suplicando vigorosamente por más yerros, las toxinas de mis bajas pasiones aclaman mis carnalidades a estadio lleno, descolmillándome. La trascendencia es un diamante en bruto y el mal se identifica con varios floreos, pasavantes, caretas, deganos y marcas afamadas.
II
Intento desvincularme de mi alma abarrotada, que es el timón dadivado, mi azotina. Ambiciono olvidarla en la francachela. El cuero no la arrullará y su sino son las calles de oro, no la discoteca, las cartas, la gazmoñería o la autoayuda. Adherida a la tierra es un quiltro con eccema. Alma mía con disfagia, ¿quién no eres?
III
Es el peso de la existencia en sí. Cada alborada es un round con un ojo en tinta, cada jornada una pesadilla. Mi fe en el Todopoderoso es irrisoria, mi currículo de devoto es una vergüenza. El peso propio de la existencia en sí nos abate. Una mediocridad estable sería la santa esperanza.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
No hay comentarios:
Publicar un comentario