La boina del Che me inspira, bueno, ya no tanto, casi nada. Su imagen la adherí a mi chalet de alcurnia, como una metáfora vil del romanticismo de gas. El Comandante me produce hoy cierto remordimiento y desasosiego ¿Cómo me equivoqué medio a medio? Hoy veo una metralleta y la excomulgo y un cheque jugoso me sugestiona muchísimo más. La almohada se carcajea con mi hipocresía sazonada que no cesa. Un guevarista pundonoroso no se rinde.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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