Con el triunfo del NO venció la ciudadanía, el dictador sí entregó el poder político, mediante un plebiscito que no tienta a Fidel ni a los gobiernos ortodoxos de la izquierda apostólica. Es que la libertad no racionada es un tremendo problema. El poder económico, el genuino y único poder, se queda donde está, con los mismos príncipes impíos, que almuerzan con los obispos y el abstemio cardenal. Celebren todo lo que deseen, hasta la madrugada. El que me rasguñe mi billetera tendrá su vía crucis.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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