En una región tan pagana y supersticiosa suele suceder.
Con la Virgen de Villa Alemana se presentó la oportunidad.
La ignorancia del sacerdote infló el precario sainete.
Las imágenes de yeso lloran, transmitirían algo.
Las apariciones deletrean misivas del más allá.
Los obispos no condenaron la idolatría, en el acto,
arriba de la catedral y con amplificadores e ira.
La mariología colaboraba con el Capitán General.
Algunas monjas también participaron en el vodevil.
Mirar diosas en el sol es mejor que protestar con palos.
Con una fe católica como corresponde
verás bien cualquier cabeza de pescado.
Las multitudes ciegas se movilizan sin pastores
y los buses contratados marchan al son del tambor.
Al vidente Miguel Ángel le agradaba ponerse lápiz labial
pero no le alcanzaba para ser un cura pedófilo
y en las meticulosas clases de teología era un borrico.
El paganismo refinado por párrocos es un deleite popular.
El Ministro contiene la risa, con su rosario en el bolsillo.
Toda maniobra aprobada por el Vaticano sí es seria.
La progenitora de Dios es la fuente de dinero número uno,
por eso hay que ser cuidadosos con las barbaridades
que genera esa religiosidad popular que vive y reina
fuera de la Escritura, tan desvergonzadamente.
Con Yamilet también dieron la hora.
¿Cómo terminan los videntes católicos?
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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