La fotografía cerca de mi cama me canta, me relata su día. Abro los ojos y continúa riéndose. Ahí no envejece ni se desanima. Oigo su voz en la casa, sus pasos y ruidos en la reja. Desde la fotografía pretende envolverme, tranquilizarme, contarme que se alimenta bien. Yo, me propongo ingresar al retrato y cocinarle esa pizza que tanto le gustaba.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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