A excepción del irrelevante y pantomímico conteo de votos, esa noche y absolutamente todas las subsiguientes ganó la opción SÍ por paliza. Los partidarios del NO celebraron el escrutinio con la boca bien abierta y un babero, por quinquenios. Cada 5 de octubre se emocionan, cándidamente, con lo que ellos llaman sanamente un triunfo épico. El plebiscito de 1988 fue una farsa instalada con el propósito de beatificar delante de la grey la arquitectura política y neoliberal del SÍ, por siempre y siempre. Los amos se doblan de la risa y los ciudadanos conviven en una democracia que les permite elegir sin presiones entre ser esclavos o galeotes. Los devotos del NO contribuyeron con ese romanticismo que nunca debe faltar en una comedia ciclópea. El conteo de votos les cambió la noche. La alegría continuó, tal cual, para los mismos. A Dios se le interpreta según la constitución general.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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