sábado, 14 de enero de 2017

La mochila que se engoma con ira

I

Las orejas me pesan,
a la regadera hay dos leguas aupadas,
las sábanas son de un plomo dulzarrón,
la almohada es parte de mi mejilla
y la campanilla me incita a la ira.
Acecharé las mismas trancas con más telas de araña
y las mismas caras con ojos tapados
que circulan por los mismos pasillos,
comprometiéndome insubsistentemente a no bufar.
La corbata neotérica que ayer adquirí,
de la misma marca y color,
escandallará la nota alta que ni yo notaré.

II

Si usted es un don nadie
es mi compinche, un coligado,
un camarada en la legendaria contienda,
un apatanado más en el itinerario.

Si usted es un don nadie estable,
es un hombre consonante,
un capigorrista identificado con la sirria,
un zorro menos en la cazata inglesa.

III

Mírame con regocijo o moriré.
Me desvelo por mis propósitos, por mi devenir.
Cuando me escuchas con atención
soy un hombre exitoso, un faraute.
Seguidamente me caigo al cenote.
Yo soy un profesional muy señalado,
porque soy yo, porque se trata de mí.
Si me voy de aquí sentirán el mazazo.
El máximo es lo normal en mí,
el destino me reverencia.
Cuando no soy aquello intento aparentar
lo pertinente, con glamour,
y cuando puedo manipular a alguien
lo hago en un santiamén.
El fondo de la hoya es mi chalé.
Admírame un poco, por favor.



No hay comentarios:

Publicar un comentario