I
Me voy.
Me escapo y me voy.
Las maletas las apegué bajo el dintel.
No lo resistí.
Me la ganó, me arrolló.
Disculpen la estadía.
Como fiambre fastidiaré menos.
Aflojé.
Toda humillación es restaurable, todo pasa.
Todo en esta vida se supera, lo mío no.
¿Para qué un alargue?
Una malhadada bala es mi trampolín
a una oscuridad más intensa e inacabable.
Me estoy bajando.
El pie de partida de esta fuga quedó atrás,
en el sanguinolento sillón.
Todo empeora con las llamaradas.
¿Cómo vuelvo a mí?
II
No volveré a suicidarme otra vez,
ya no seré la estrella de cine de las criptas.
No escucharé los sollozos de buena crianza
y a ese misoneísmo, desde mi ataúd inquiridor.
La ambulancia ya no me trasladará a la morgue,
los policías no telefonearán a mis familiares,
nadie más reconocerá mi rostro seccionado.
El periódico no colocará mi nombre en el más allá.
Guardaré la pistola y defenestraré las municiones,
acribillaré esa crisis mortal explosiva,
finiquitaré al demonio como asesor sicológico,
rehabilitaré mi hígado del alcohol.
Daré la media vuelta o avanzaré hacia atrás,
taparé los hoyos negros que me albergaron.
Con los escombros e ingenio armaré una nueva vivienda,
recomponiéndome, volviendo a nacer, resucitando.
III
La tumba es mi mayor expectativa,
la pincelada final.
La bola ya no rebotará más.
En el cajón me vestiré bien,
con un maquillaje estiloso y circunspecto.
Las lombrices se lucirán, con un buen vino tinto.
No rascaré la tierra intentando volver.
La calma que buscaba resultó ser su antípoda.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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