sábado, 14 de enero de 2017

La notificación

No desenrolles en las postrimerías de ultratumba con lujos y detalles todas esas intimidades. Tu interior y las nebulosas te cacarean con paranoia que eres un pasajero irredento y guijeño. Eludes los resquemores siniestros en masa, la derrota de tus sesos, el reproche de tus huesos, el can can de tu antagonista, el pisoteo clubista. En la meta de tu ser infinito no hay misterios. El universo es un reloj y muchas ya son ovejas adictas al supremo Relojero y sus metaplasmos. No amarres tus entrañas a lo que es perecedero. No le dones tu espíritu a ideales clichés o parapléjicos. Refutas la nueva alianza y nunca digieres un bocado, nunca la rumiaste, ni por entrometido. Adquiriste una acuarela abigarrada de vivencias, mas en el experimento o tentativa de clamar a Dios sobran los desaires y las escurribandas letradas. En el portalón desechado y coronado con espinas reside el reposo espeso y perenne, y el tartanero. Desde el envoltorio no olfateas los tumores diseminados, los sultanatos de pasiones que te tabican las calles de oro, las juglerías y el happy hour. Escarbando en lo palpable no te consolarás. Aunque la brisa y la verdad sean invisibles, las sentirás hasta el inexplicable regocijo. En el ámbito columbrable no avanzarás tu primera pulgada. El confín no es el límite, es el nacimiento. Las utopismos no aprenden que: todo proyecto sin el Salvador es una fosa sórdida; son contestatarios con sus militantes y secuaces y que llevan consigo el virus del desastre y que nadie lo ve por lo inflamado que es el debut.
¿Cuándo dudarás con calor de tus dudas nimbadas?
¿Cuánto más durarán tus dudas duras?
¿Cuándo concluirán tus inconclusas conclusiones?
¿Cuánta incredulidad descargas sobre tu laicismo selecto?
¿Quién salta de dicha en el barro con tus convicciones?
¿Por qué te enredas con irreductibilidad
en una discordia estéril, engallada y envarbascada?
¿Expirarás de pie en los pasillos del vasto catecismo de las insatisfacciones, del que jamás te desacoplaste?
Sin la santa cruz el debate interno es eterno y acertar en el ataúd es un chascarrillo.




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