Soy. Sé que soy y que nunca dejaré de ser. Estoy. Sé que estoy y que nunca dejaré de estar. Consciente de que la lucidez del alma no expira jamás y de que a pesar del preceptivo camposanto la inmortalidad es una realidad categórica e incuestionable, ¿adónde anidarás tu eternidad? Como nadie preconiza del ateísmo con indicios que me indispongan con los precipitaderos, no lo soy. El angosto sendero del Hijo de Dios es revesado, embrollado al principio, cinchado, celeste, benefactor. Me consumiré en la dialéctica cosaria inclinando con acometividad la balanza de Roberval hacia ambos lados hasta aprehender el sosiego.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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