domingo, 29 de enero de 2017

La única ruta son las armas y punto


El luminoso congreso socialista de Chillán del año 1967 fue la máxima inspiración, el epítome del dogma liberador. La lucha de clases cierta garantiza el derramamiento de sangre. El Estado Revolucionario es la meta final, la nueva Jerusalén. La violencia revolucionaria es inevitable y legítima, decían; los golpistas pensaban exactamente lo mismo, también sin matices. La carnicería comienza con el audaz descabezamiento de las FFAA, siempre que los generales no se nos adelanten. Si una junta militar da el primer golpe perderemos pan y pedazo, hay que estar atentos y mantener la disciplina del combatiente. La democracia es estéril, cándida, el régimen de los capones. Eso sí, el socialista camina con cara de niño bueno. La violencia política desatada e ilimitada se canonizó en Chillán. Castro es un apóstol, el Che Guevara un profeta. Abominemos a la Casablanca, cantémosle al Kremlin. Los marxistas locales querían una matanza en grande,…y la tuvieron.





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