Vivo en la cima del cerro.
Aquí no hay olor a clase media,
escondo mis fechorías sin intrusos.
Las legiones de Espartaco no me han divisado.
El miedo se diluye un poco, el vacío no.
A veces sí abro mi puerta eléctrica llena de ojos.
La herencia de mi pasado llena mi pobre ser.
Desde mi bunker de oro impuro
veo con desconfianza la mirada de esos peatones
que me remiten a la punta del cerro.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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