Se compró al fin su camioneta nueva
y se dirige a la playa, con platillos de batería.
Por la ventana va disparando displicente
cáscaras, escupes, envoltorios, eructos y cajetillas vacías.
La esposa, casi rubia, se baja a comprar con su ombligo al aire
cinco kilos de mayonesa y seis de papas fritas.
Comparten su música bailable con la caravana de vehículos
resaltando lo que es la potencia de un buen parlante.
Las damas de la familia mastican chicle con exultación
y a ninguno se le ocurrió llevar un libro sobre el día “D”.
Ella hunde la barriga cuando procede
y los palitos de helado los esconderá en la arena, con malicia.
Él, asea la camioneta con devoción,
como quien viste en público a un santo oficial taquillero.
Antes de llegar, se lanza un poderoso pedo
y despierta a los pasajeros de un golpe.
El retoño menor se baja del vehículo contento
y arrojando con ímpetu al suelo los últimos desperdicios pregunta,
tal vez fuera de contexto: papá, ¿qué es un diccionario?
El progenitor lo castiga con una mirada fulminante y amenazante
por mientras se rasca y orina desahogado sobre la rueda delantera.
Se van a la arena, alzando las voces con notoriedad
y con un baúl repleto de huevos duros, cervezas y otras vitaminas.
Otros bañistas se quedan atónitos, tensos.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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