I
Soñé que me moría
y que principiaba mi pesadilla.
En mi sueño no soñaba, vivía,
porque no era un sueño
ni moría;
sólo pervivía mi pesadilla,
de día tras día.
Soñé que vivía,
y que principiaba mi nueva vida.
En mi sueño no soñaba, vivía,
porque no era un sueño
ni moría;
sólo pervivía mi regocijo,
de día tras día.
II
Cuando la muerte se aburre,
nos visita sin llamar.
Somos sus mimados,
es que conoce tan bien este lugar.
Aquí todos somos buenos candidatos,
no es necesario gritar ni llamar.
Todos los días un desarrapado se nos va;
marchamos callados al mismo lugar.
Nos dan un número azabachado,
a todos nos van a llamar.
Si huyo de esta existencia maldita,
otro calabacín ocupará mi lugar.
III
¿Y dónde está mi cenotafio?
¿el túmulo de la guinda de la torta?
¿Cuándo el orfeón de los carabineros interpretará
a Glen Miller alrededor de mis huesos oxidados?
¿Por qué el viento pasa de largo, campante?
El cementerio no me condecora ni en mi natalicio.
¿Fui un tris irrelevante? ¿un paso en falso?
¿una pifia del destino?¿un Ferrari sin ruedas?
¿Quiénes marcharán uniformados a verme?
Al segundo después de fallecer sabré si hice mal.
¿Va a ser mi sepulcro ese comentado buen peldaño?
Otros ven en su sepelio unas carnestolendas.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
No hay comentarios:
Publicar un comentario