domingo, 29 de enero de 2017

Mi ídolo


Más asesino era, más lo idolatraba. Neruda le hizo un poema de admiración a Stalin, el genocida más significativo de la historia. Cuando millones y millones fallecían involuntariamente, el poeta alcanzaba su máximo éxtasis de gloria. Era la visión marxista de los derechos humanos. Ser moscovita o esclavo era exactamente lo mismo. Los otros verdugos socialistas también fueron apreciados. El respeto sacro a los derechos del otro incluía mares de sangre y maltratos por doquier. Las hambrunas fueron un obsequio del augusto destino. Frenar el crecimiento demográfico fue su virtud. Promover el aborto masivo los reanima, con sentimientos de victoria y nostálgicos.




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