Yo soy uno de los dueños de este país, que genera algunos dolores de cabeza. Muchos enfadados me quieren bajar del pedestal, como sea, y hasta con actitudes agresivas. Los envidiosos y resentidos no son vástagos del Señor. La riqueza nacional está en manos serias. Mi abuelo logró ser millonario con abogados vivaces y licitaciones amistosas y generosas al extremo. Cuando un diputado pasa el sombrero yo colaboro. La actividad política es fructífera. Perforar esta dulce estabilidad es la inseguridad misma, es ahuyentar a los inversionistas y mensajeros del progreso. No me mareo acá arriba, con los dioses de la cúspide, porque mis soldados me dan el oxígeno que necesito. Por ser uno de los dueños, a veces me estreso. El contrato social lo impuse con inusitada fuerza.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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