Bien peinadita y vestida de ángel para la ocasión, partió a una casa de muñecas encachada que desdeña los minuteros y las hectáreas y los turbiones. En su morada prepara roscas y té con leche a los padres que amó a pesar de las astillas del silencio acibarado y súbito. El orden de llegada a la chimenea es irrelevante en la niña que voló de rosado al tercer cielo, desde la yema de una familia ultrajada por un azote cascarrabias incalificable. En este instante le desabrocha los cordones a Aquel que se sentó a la diestra del Padre y juega en un columpio con amigos con y sin nombre. Canta risueña y no conjetura por que. Para cambiarles los pañales, la mamá atravesará el mismo pontón que le dio una aureola a su hija. La madre redimida y anciana ya exclama: adiós mundo, hola hija mía.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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