domingo, 29 de enero de 2017

Revolucionario juramentado


Con el primer balazo se me olvidó que iba a defenderlo, que era el núcleo de mi promesa, de mi confesión de fe. Con el bombardeo me vino un insomnio terrible. Fuimos campeones de la fanfarronería y de la pavura. En mi eterno lloriqueo post golpe escudriño respuestas, camino como víctima notable, con la mano siniestra arriba. Muchos respetan con sarcasmos mi fusil libertario encogido, combatí con toda mi verborrea ideológica a la dictadura. Allende le disparó a los militares con gallardía y sin evasivas, yo, cada día invento una excusa más penetrante y creíble. Es que no estábamos debidamente armados o preparados. Cualquier mentira es útil en un gallina con una boina del Che. Algunos sí le presentaron viril resistencia a los golpistas, pelearon como hombres, con los recursos que poseían. No arrugaron en el día decisivo, como los farsantes, o los helenos. Hoy, las volteretas de mi lengua me sacan de todo aprieto. Muchos de mis compañeros sufrieron, la pasaron muy mal. Yo resido cerca del barrio alto, con toda comodidad, y ya no entrego ese mensaje subversivo, con tirria. Se me olvidó que la vía armada era mi único sendero. Fuimos allendistas ingenuos, tarados, frívolos y bravucones. Cualquiera es marxista-leninista con una botella adentro. Yo criticaba duramente a los revisionistas, a los descarriados. Algunos pretendían estatizar hasta el último carro manicero. En las marchas éramos valientes, tenaces e inflexibles. El presidente del gobierno popular murió solo, como un perro.





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