domingo, 29 de enero de 2017

Una sola cara


Allende no respetó el estatuto de garantías, la ley, la constitución política, las homilías de última hora, los decretos, los dictámenes de la contraloría ni nada. Fue capaz de disparar y de suicidarse antes que rendirse. Allende era revolucionario. Invitó al evangelista Fidel, indultó a criminales, habló de utilizar la violencia revolucionaria, se declaraba marxista-leninista, veneraba a los guerrilleros como el Che, recibió metralletas de regalo como un preámbulo. Destruía cada día y sin disimulo alguno la democracia burguesa, la economía burguesa, la constitución política burguesa, la cultura burguesa. A veces respetaba su palabra, a veces no; a veces era un profundo demócrata, a veces no; disfrazaba sus verdaderos objetivos, a veces no. Allende era un revolucionario.





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