I
Con su largo atardecer la vida vino y se fue ¿Qué quería? ¿qué ambicionaba la mortinata? ¿qué microbus la paseó por el barrio y a esta hora, lotificando dones y molleras? La vida apareció y expiró desprevenidamente y mi dormitorio es una zahúrda, un entrevero ¿Por qué fue tanta la prisa en la interacción? ¿hay compromisos devengados en el otro lado o la sopa se enfría o son poca cosa sin mí o me aguarda un refrigerio licantrópico? El último cirio lo apagó un violoncelo y el patetismo se suspende en el aire, sobre una predela. El cementerio seglar está a dos cuadras, ¿alguno de ustedes me acompañaría, mirándose callado la punta de los borceguíes y con las manos en los bolsillos? La vida vino y me saludó, y ya no está: nunca estuvo, nunca estuvo en el tráfago. Al seguirme, ¿qué conseguirías?
II
Desde acá afuera no se ve nada, adentro, tampoco hay senderos señalizados. Soy irrelevante y lo que hago es reumático ¿Quién me suministra de un proyecto vital? Nada de lo que plasmé es apoteótico. Al no ser yo lo mismo, ¿soy otro? ¿Por qué recurro con fibras al microcosmos de los por que? Mis botas no se aparcan en ningún porotazo y la modorra tapiza el césped empampirolado y los albores me son un alfiler en el costillar. Voy a cualquier lado antojadizamente y vuelvo rápido, con el salvabarros triturado ¿Cuál es mi canoa, mi libelo? Me llamo a mi celular y no sé que aseverar.
III
El tumulto pasa y no me avista,
el cernidillo se desata y no me humecta,
Minerva me desahució en el aperitivo,
los caninos no olfatearán mis roñosas vestiduras,
las moscas no reanudan ninguna ronda,
mi comparecencia no modifica el vacío,
la romana continúa tiesa con mi sobrepeso,
en medio de la calle nadie me atropella,
dentro de la jaula el león no me picotea,
galopo y no avanzo un decímetro,
al dormirme no cierro los ojos,
ni siquiera soy el recuerdo en una fotografía.
Maniobré y tengo los cestos en cero.
Soy un cero a la izquierda.
IV
En el cafetucho espero inanimado el siguiente minuto, que pase el siguiente peatón enfoscado, que caigan las hojas desterradas con naturalidad. El astro rey mimado continúa arriba, el policía reitera su trazado con el mismo temple, el desempleo estancado por la labia no es noticia, la veterana revista no se mueve del kiosco. El café se enfría y la garzona no se despeina, las pechugueras y los menuceles no varían su color, el alma se escarcha en el suspiro.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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