I
Todas las nostalgias enlazadas y azadonadas se reúnen esta tarde en mi sofá de zopisa. Bajan desde los rincones, neveros y los terrados, de a una y en filas, con faros, estruendos, enaguas, descompaces y otros inquilinos no configurados. Los vagones que partieron no poseen marcha atrás. En medio del jolgorio ajeno con risas retumbantes la melancolía se va a enfiestar, en mi sofá.
II
Los pentamestres huyen de a uno
en un poni
y no tallecerá la prebenda
que los reintegre.
Esporádicamente,
comparten un budín sucinto
sobre una fotografía
rancia.
III
No sé si arrancarme por la animadversión que recolecté flemáticamente semana tras semana, o si quedarme satisfecho con lo que ostento, que si bien es exiguo, es más que lo de otros conurbanos ¿Soy un malagradecido o un fracasado más? Si pago los platos rotos, soy yo quien los rompe. Me falta admitirlo y no victimizarme más. Los que se pasean por mi calle suben de estatura. Apesadumbrado, golpeo al céfiro con mi karate. Los espantos ásperos, los fardeles con alambres y las concavidades propias, me importunarán con sus púas, hasta el estanque de azufre.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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