I
El juzgado de mayor cuantía no se abre y mi novicio y ventrudo y concomitante cadáver se puso festivo y epigramático, y enemigo fiero de toda profanía, como nunca antes. Se ha dado tres mil vueltas vertiginosas alrededor de la pequeña mesa de centro bebiendo brandy con un frenesí turbador ¿A qué le teme el que a nada le temía?
II
Arrepentirse, con un pie en el féretro y con el otro en el teso de la jarana, es la política mortuoria del ultrajador consumado, del saduceo con lavanda, del latrocinador, del crapuloso, del negrero creyente en el rey de reyes. El esqueleto escoriado del camello no pasa por el ojo de una aguja.
III
Disfrutaré este instante de nocharniego, esta gratificación efímera y encarnizada, de las bragas de las peliforras de las covachuelas. No poseo un pasado ni soy un predestinado ¿Quién me facilita un plan dorado y deportoso o una receta expletiva o mistagógica?
IV
Como no me había muerto nunca antes, fallecer fue engorroso y algo traicionero. Soy un bisoño paporretero en estas lides. En esta morgue nadie me dirige la palabra y desconozco los modos internos, los arcaísmos. Antes dormía con el ombligo hacia abajo. Me someterán a rituales civiles y sobrenaturales, que son un hastío por antonomasia. Sáquenme de este refrigerador hostigoso y crémenme, borrándome de todo chip, memoria, repaso y revista de narraciones. Requemen mis álbumes, camisolas, indicios y papelorios. No volveré a este redondel, menos mal. Nunca fui, mas soy.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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