I
¿El cosmos siempre pataleó? ¿el zinc y el hierro siempre residieron ahí? ¿la harina que manufacturó la materia nunca nació? ¿la osa menor es un vástago de las probabilidades?¿la energía no ostenta un cantautor? ¿el tiempo y el espacio debutaron por un acto hechicero? ¿no hubo un primer chispazo lleno de colorido e ingenio? Dios, el hombre y el castor, son arquitectos, ingenieros y ornamentadores. El puente de Londres fue abocetado con afecto, aseguran los ateos rudos con sus tizonas al viento. El libre albedrío te permite negarlo todo majaderamente, poseyendo así méritos propios todo acto de fe. Creer en un gran arquitecto es razonar penetrantemente, contrariarle es disgregarse, es ser un pisapasito. Detrás del cigoto de cada embrión hay un compositor. El cerebro es finito, la altivez no. La razón solitaria como canal de la verdad son los siete mares convulsivos dentro de un dedal siútico.
II
Nada posee su origen en sí mismo. La molécula no se sombreó a sí misma. El velocípedo no se trazó a sí mismo. Esa nada mudable no se implantó a sí misma. Todo tiene una sala de partos y de neonatología. Creo: en el bien común y en la ética, en los concilios ecuménicos de los axiomas de la ciencia, en un azar bienaventurado y emprendedor, en el big bang de las matemáticas, en las teorías de la relatividad y de la evolución y en las otras que fraguan mis profetas. No creo en un Creador, en una creación. Me debo a mí mismo.
III
De perogrullo es que el universo es un diseño genial, y que su autor es un superdotado y un buen técnico, a lo menos. Los cosmólogos chillan que hubo un inicio, emotivo, un primer segundo, con coreografías y cotillones. La conciencia no fue puesta en escena por las veleidades de la nada o de la sinrazón o por el rayo de una cosoriola ¿En que market compraron la acrisolada energía primitiva? ¿por qué la fuerza electromagnética está en su punto? ¿quién ajustó tan finamente el cómodo universo? ¿quién puso el discernimiento perspicaz sobre el velador? El observador honesto marcha hacia el creacionismo sobrenatural con mariachis ecoicos y dulcísonos.
IV
La nada no es materia y si fluctúa sí lo es. El que se fía de las bondades y flirteos de la nada es un peatón de una fe ilimitada y jocosa. El que confía en las casualidades celestiales como un poderoso ente creador, es un fundamentalista que erige sus exhortaciones pastorales sobre suposiciones enfermizas y varitas mágicas sin magos.
V
La materia que nació en una maternidad un día morirá. El Eterno creó la finita materia dentro de un plan. El alma, que germina con la concepción del ser, es eviterna. La carne y la materia se convertirán en polvo. El propósito del alma es entonces infinito. Desde la nada el Creador creó todo y la nada o el azar no poseen ninguna capacidad arquitectónica o cinematográfica. Dios no tiene ni cronómetros ni propiedades ¿Sin motivo alguno el complejo cosmos se aparece solo? ¿Cuánto fanatismo se necesita para negar la creación?
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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