I
Cuando un docente se estrella con la autenticidad mantiene en pie su prestigio y el de la licenciatura reculando grácilmente, pian piano. Quedarse pegado es indecoroso, poco serio, charro. Rogar con todos las cirios encendidos al Padre como parte de un experimento de laboratorio es una fechoría impensable, una ordinariez, un tizón, ya impugnado con ira por las naciones unidas. Deprecar a los iconos humanistas es el silabario y el pentateuco del profesor que brilla por sus milagros, que son superiores a los créditos sobrenaturales.
II
Cuando un científico procura ser filósofo es un improvisado domador de mandriles abombados, y cuando intenta ser un teólogo civil es la manzana porruda de Guillermo Tell. Explotando el seso, la experiencia de las centurias, la voluntad vívida, el refocilo, la mística, la ilógica, el sentido común, el sentimiento, la intrepidez, la revelación, y sobre todo la intuición extrasensorial, no concluirá que el nuevo pacto puro y sencillo es el mayoral. Su anquilosado monasterio se comprometería.
III
¿Es que aceptas las fluctuaciones de la nada y te burlas del tarotista acreditado, sanguinariamente?¿testificas que el universo se creó solo y no eres un varón de una fe infinita y chocante?¿con qué propósito la vía láctea se constituyó a sí misma con seres humanos que no atrapan una caluga de paz? Los neutrones, los jardines colgantes y la voluntad humana, fueron bosquejados primero, irrefutablemente. Un científico detrás de los planos de Dios se diluye. Un teorizante ateo se beberá toda su desazón y yerros. Las inquietudes férreas y asiduas no son leyendas. El agobio te comunica que te equivocaste de calle, de nuevo. La frigidez es tu lábaro de lucha bagual e inmutable.
IV
La fe positiva en Cristo es su fruto prohibido, su monstruo marino, su caimán en el tobillo, y el sentido común con la espiritualidad son anatemas. La serpiente lo invita a pasearse en monopatín por el creacionismo mezclando, untando, catando, mas no cae en la tentación de saborear la fosforescencia, de ensayar en el obraje de un reino que no traga. El delirio del apático es no moverse, no enmarañarse. No catará la manzana. La fe envolvente es su blasfemia ciclópea y el besar el padrenuestro es una palabrota, que los vicedecanos empalaron en el aula magna, con fósforos y una biblioteca de ojén. Con los apóstoles del racionalismo, se transportan.
V
Si tu todo es errado, tu error es total. Con rozar el farol no basta. El Absoluto es uno, celoso y fuego consumidor. Acertando de vez en cuando das pasos potentes en pleno abismo, en ese itinerario que te drogó hasta quebrantarte y botarte en una perrera clandestina.
VI
El físico posee su distrito sacrosanto, su lenguaje monacal discipulador, su principado de números, sus claustros herméticos, su calculadora con una lauréola. Si transa queda despojado, esquelético y lipendi. Si confiesa sus limitaciones, sonrojos y cangallas, se desconsuela, con las vísceras anudadas. Todo lo que no habite en su feudo reverenciado es una denigración, una disyuntiva descartada vilmente. Los fundamentos beatos del escepticismo dominan los sínodos a los que asiste, copleando.
VII
La eternidad, que es un componente de mi inventario, la guardo en mi baúl, con cerrojos y nombres, con una profecía de vigilante, que duerme la siesta por ahora.
Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN
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