I
La rebolluda realidad del alma es la corporeidad de la siquis. La siquis es el vicariato del alma, su ecografía. El inerte espíritu humano es el vocero del Creador ¿Por qué la larga siesta del vocero es tan pesada que ni mil besos de una princesa azul amartelada lo desadormecen? El vicario aguarda en un subacuático encallado las instrucciones de la voluntad, fumándose una ansiedad que se hincha más y más, enganchada a un ideal con racimos de interrogantes perennes, irritantes, esferoides y pasilargas. La vida reanimará al vocero y la juerga incesante será la credencial pechiblanca.
II
La razón lo invita a un mundo ideal y a su voluntad la atrapó un embuste pulido por los linteles de las suspicacias altivas. Su ideal, por ser un imposible, es caricaturesco ¿El cigoto de la razón y del perfil del materialismo son la absurdidad, el azar, la petera y los motetes de cada corcho bornizo? La razón y el jumento no poseen luz natural, ni discernimientos ni cargos de conciencia, y ni siquiera es ciega, obtusa o tremebunda. Sólo es el reflejo del alma, del ser. La mente sola es una linterna sin baterías, un funeral altisonante sin un cadáver.
III
Sí, el hombre está desamparado y botado en el basural como un quiltro con lepra. Esto es así desde que lo deportaron. Las consecuencias de la decadencia nos afligen, el nuevo hombre sin Dios es el desgraciado de siempre y los filósofos secularizados dan palos de ciego, plastificando fragmentos meapilas y alacenas de caoba.
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