I
La calamidad de ser un escéptico te escupe en cada monólogo y recodo. Con la trompa de Eustaquio en el lodo, es una bribonada ser un curtido catedrático. No venerando al Dios y Salvador adquirirías la pose de un bípedo inteligente. Deshabitado está el patio trasero de tu frente y nada de nada experimentas alrededor. El adicto a Cristo Jesús es candoroso y tú eres de un prospectar agudo. Por las cuatro esquinas eres tozudo y atrancas tu cacumen con alborozo.
II
La congregación de los escépticos milicianos se reúne en su rosigada iglesia, sin crucifijos ni persianas ni romerías, y a veces, elevan un ángelus por Grecia. Desestiman la fe pura en el Omnisciente estampillando por doquier sus frenéticas encíclicas. Peregrinan con sus pagodas a cuestas. El alma jamás se contentará en sus basílicas.
III
El ateísmo es una religión con recelo que instituyó a la negación recalcitrante como su beatífico jubón, yelmo y refugio. El renombrado florecimiento del Mesías lo soslayan con garambainas y subterfugios. El ateo es fundamentalista, ocluido y envarado, y no labra la dicha ni en sí ni en sus semejantes. El medallero de los difuntos píos lo conturba. Los inservibles desahogos en la hora del adiós van a ser donosos, cianhídricos y abundantes.
IV
Soy un discípulo febril del escepticismo, un dogmático de la incredulidad esencial. Niego al Gran Arquitecto con una religiosidad acérrima. Me nutre, me forma, me chamurra, me deforma: me es un influjo irresistible y dulzón, y con mi testimonio evangelizo a los peatones y corolas. Los escépticos sacros son mis patriarcas, luceros y barotos en la autovía estigia. Yo asevero fijamente que no hay que creer ¿La fe es un salto impugnable a lo invalorable? ¿Cuánta sal aporta el descreimiento? El rehusarse así es un provocador acto de fe.
V
Cavo con bríos, dentro de las medidas, el volumen es perfecto, espero mi día. Nadie colabora, escribo solo mi epitafio. He sido coherente, la soga que tengo hoy es mi prefacio.
VI
La culpa es un sentimiento sincero interno, una declaración de lo que es el mal y el desasosiego es su expresión más tangible. El culpable honesto busca la respuesta más allá de lo natural y obvio. El templo de la conciencia es una esquirla del Creador y la muerte ya no es una duda espesa ¿Y si me libero de un dogma que es cierto? ¿y si el nuevo dogma es fructífero como el capricho? La obsesión de no poseer convicciones es un cepo. Los débiles y malogrados están destinados a levantarse y los superhombres terminan llorando como niños. El espejo muestra con enjundia una parte de mí.
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