sábado, 14 de enero de 2017

La tridimensionalidad del ser

Me miro de frente, de costado y de espalda con un zoom, y sigo feo. Me asusto. Fragancias, lociones, ropa nueva y balamidos. Parezco esperpento. Me asusto más. Seguirán dispersándose las balas y la coprología que se fatigan por acribillar el Sinaí. Espejito, espejito, ¿por qué soy un adefesio? ¿Cuánta relevancia hay en ese deseo? Sauna, pedicuro, un cirujano y un modisto. No reformo mi facha, mi frontis, mi perfil ni mi tejado. El totalitarismo de la razón se levanta inútilmente una y mil veces en contra de la desazón agujereante. El espejo estampa mis despojos, recrudecidos por las zancadas aciagas y luctuosas del ser. Un piquete y un paramédico vigilan desde la puerta mi crisis terminal céntrica y mi magrez multípara. Nadie apetece otro sepelio preconcebido sin la resurrección como certeza. Cuando el deseo es el amo, la debacle es el tirano pertinaz e inmanejable ¿Cuánta bestialidad hay en el capricho?


Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN


No hay comentarios:

Publicar un comentario