domingo, 15 de enero de 2017

Con cuarenta grados en la sombra

La subjetividad no traspasa la gran muralla y aparca al desdichado solidificado ahí mismo, más despeinado y afanado y desmembrado. La ética subjetiva denosta al cacumen. El relativismo implora postrado al hombre por algo más, por mucho más, tensándolo, tironeándole la chaqueta con ciclones bragados. El vividor se cambia de peluca, involuciona. El inamovible valor moral es independiente del ser. La verdad se intuye, se traga y se propala, o al revés, o en otro orden. El escepticismo es la conclusión de la desilusión circular, de la nesciencia, de la venda claveteada. La finitud es tan juiciosa y salerosa como limitada. La grandeza de la parábola del trigo y la cizaña es irredargüible, indestronable, acorralante. De la Escritura nacen los derechos del hombre. Algo distinto a esto nos amarra, al poco andar.


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